viernes, 30 de julio de 2010

EN MEMORIA DE MI PADRE

Amor Eterno

¡Cuántas palabras de Amor, a mi corazón, susurradas! Cuántas de ellas perdí, olvidé o ni siquiera escuché y que la brisa de mayo se llevó lejos, muy lejos donde no podía alcanzar para recuperarlas. ¡Cuántos hechos, actos, miradas me demostraban, a cada momento, tu Amor por mí! ¡Cuántos hechos, actos, miradas desperdiciadas por que yo no supe interpretarlas!

Mi corazón debía estar junto al tuyo, para recibir tu amor y regalarte yo el mío. Pero… mi corazón no estaba donde debía… se encontraba a miles de kilómetros de distancia, buscando diversión y aventura, sin saber que, a tu lado, todo lo tenía.

¡Cuántas noches en vela, con lágrimas en los ojos, preocupado por mí y por mi futuro! ¡Cuántas lágrimas y cuántas peleas sin sentido sabiendo, ahora, que todo lo que buscaba lo tenía contigo!

Por tonta, ciega y sabionda cuantas bellas experiencias me perdí a tu lado por estar mi alma tan lejos. Cuántas oportunidades desperdiciadas de decirte “¡Cuánto te Amo!” ¡Cuántos consejos dejé escapar de tus labios!

Nunca sabemos lo que nos depara el futuro. Si lo hubiera sabido nada de esto habría ocurrido. Te hubiera escuchado, habría estado a tu lado en todo momento. Mi alma no te habría abandonado, podría haber entendido todo lo que me susurrabas directo a mi corazón. Tus actos, tus palabras, tus miradas… Todo habría tenido sentido para mí.

¿Por qué no nos damos cuenta de las cosas cuando debemos? ¿Por qué tenemos que perder al ser Amado para entenderlo todo? ¿Por qué somos tan cabezotas y orgullosos? ¿Por qué creemos saberlo todo? ¿Por qué estamos tan ciegos, teniendo la verdad ante nuestros ojos?

Un día, de repente, empecé a perderte; poco, poquito a poco te ibas alejando de mí. Por momentos te ibas encerrando en ese escondite que sólo tú conocías. Fue cuando me di cuenta de que te perdía; de que, inevitablemente, te ibas alejando de mí. Hasta que estuviste tan lejos que ya no sabía dónde buscarte, dónde encontrarte. Tu cuerpo estaba allí, pero tu mente y tu corazón ya estaban en tu escondite, del cual ya no saldrías jamás.

Entonces quise recuperarte, sacarte de allí donde te encontrabas, de aprovechar las oportunidades perdidas por mi ceguera.

Quise demostrarte todo mi Amor por ti y lo hice. Quise devolverte los cuidados y desvelos que tuviste para mí y lo hice. Me decían que no merecía la pena porque ya no te enterabas, pero, a pesar de todo, yo seguí haciéndolo.

Pasaba el día entero en el hospital contigo, comiéndote a besos, arropándote con mis abrazos y caricias; diciéndote a cada minuto ¡Cuánto Te Quiero! Te lavaba, te daba de comer, velaba tus sueños como tú hacías cuando era pequeña. Quise devolverte todo lo que tú me habías dado gratis, sólo por Amor. Y, aunque quizá fue tarde, lo hice y puse todo mi empeño, aunque hubo quien no quiso verlo. Busqué lo mejor para ti, los mejores cuidados y me consolaba pensando que, tú, desde tu escondite te dabas cuenta de todo lo que estaba haciendo por ti y de todo el Amor que te estaba entregando; Amor que debería haberte entregado antes y por… no sé por qué no lo hice.

Ahora ya no te tengo a mi lado, hace tres años y medio que te fuiste a un lugar donde no hay sufrimiento, ni dolor, ni rencores; un lugar donde eres feliz junto a tu familia, los que se fuero antes que tú.

Y a pesar de que siempre te he amado, a pesar de no habértelo demostrado

cuando debí hacerlo, ahora te prometo Amor Eterno que es el más grande que se puede tener. Y te prometo que viajaré hasta los confines de la tierra para recuperar aquellas palabras, aquellos consejos, miradas y hechos que un día me dijiste y que la brisa de mayo se llevó lejos por no saber guardarlas en mi corazón, por no saber comprenderlo.

Y por todo eso, ahora que estás con Dios, en el Paraíso prometido, yo, desde lo más profundo de mi alma y de mi corazón te juro Amor Eterno. El más hermoso amor que pueda existir. Y te prometo que, a partir de ahora, mis ojos estarán más abiertos y que estaré más atenta a los sentimientos de los que me quieren y que aprovecharé cualquier oportunidad para demostrar lo que yo siento. Nunca más se me hará tarde; nunca más, te lo prometo.

Y, por encima de todo, no lo olvides nunca:

Padre: Te Juro Amor Eterno.

Tu hija que jamás te olvidará y que te añora a cada instante.

¡Nos veremos en el cielo!

Fdo.: Carmen Rodríguez Cost

En Badajoz, a 30 de julio de 2010

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